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La verdadera fe hace milagros

“La verdadera fe hace milagros, los negocios no”, dijo el Papa Francisco en su homilía del último viernes de mayo, en la Capilla de la Casa Santa Marta.

La fe auténtica, verdadera, abierta a los demás y al perdón es la que hace milagros, y que Dios nos ayude a no caer en una religiosidad egoísta y especuladora; aseguró el Papa en su homilía.

Al hacer referencia al Evangelio del día, que propone tres modos de vivir —como la higuera que no da frutos, como los especuladores del templo o como el hombre de fe—, el Papa explicó que la higuera representa la esterilidad o la vida estéril incapaz de dar cualquier cosa, o hacer el bien:

“Vive para sí mimos; tranquilo, egoísta, no quiere problemas. Y Jesús maldice la higuera, porque es estéril, porque no hacía lo que debía para dar fruto. Representa a la persona que no hace nada para ayudar, que vive siempre para sí misma, a fin de que no le falte nada. Al final éstos se vuelven neuróticos, ¡todos! Jesús condena la esterilidad espiritual, el egoísmo espiritual. ‘¡Yo vivo para mí, que a mí no me falte nada y que los demás se las arreglen!’”.

La segunda forma de vivir, explicó el Papa, es la de los especuladores, quienes usan, incluso, el lugar Sagrado de Dios para hacer negocios. Son los que cambian las monedas, venden los animales para el sacrificio y tienen hasta un sindicato para defenderse y esto, era aceptado y permitido por los sacerdotes del templo, quienes hacen de la religión un negocio.

“Inducían a la gente a dar ofertas y ganaban tanto, incluso con los pobres”. Y “Jesús no ahorra sus palabras”: “Mi casa será llamada casa de oración. ¡Ustedes, en cambio, han hecho de ella una cueva de ladrones!”

“La gente que iba en peregrinación allí a pedir la bendición del Señor, a hacer un sacrificio: ¡allí, aquella gente era explotada! Los sacerdotes allí no enseñaban a rezar, no les daban la catequesis… Era una cueva de ladrones. Paguen, entren… Hacían ritos vacíos, sin piedad. No sé si nos hará bien pensar si entre nosotros sucede algo de este tipo en algún lugar. No lo sé. Es utilizar las cosas de Dios para beneficio propio”.

El tercer modo de vivir, dijo el Papa, es la vida de fe como indica Jesús: “Tengan fe en Dios. Si uno dijera a este monte ‘levántate y échate en el mar’, sin dudar en su corazón, pero creyendo que cuanto dice va a suceder, eso sucederá. Todo lo que pedirán en la oración, tengan fe en que lo obtendrán y sucederá’. Sucederá precisamente lo que nosotros pedimos con fe”:

“Es el estilo de vida de la fe. ‘Padre, ¿qué debo hacer por esto?’; ‘Pero pídele al Señor que te ayude a hacer cosas buenas, pero con fe. Sólo a una condición: cuando ustedes se pondrán a rezar pidiendo esto, si tienen algo contra alguien, perdonen. Es la única condición, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus culpas’. Éste es el tercer estilo de vida. La fe, la fe para ayudar a los demás, para acercarse a Dios. Esta fe que hace milagros”.

La oración conclusiva del Papa Francisco fue: “Pidamos hoy al Señor que nos enseñe este estilo de vida de fe y que nos ayude a no caer jamás, a nosotros, a cada uno de nosotros, a la Iglesia, en la esterilidad y la especulación”.

Con información de Radio Vaticano.

La riqueza no compartida genera corrupción

En su homilía, el Papa Francisco aseguro que la riqueza no compartida genera corrupción.

El Papa Francisco dijo en su homilía de este lunes, último de mayo, que la riqueza debe servir al bien común, porque la que se vive de manera egoísta es triste, quita esperanza y genera todo tipo de corrupción.

En la Misa celebrada en la Capilla de Casa Santa Marta, el Santo Padre baso la homilía una de las más famosas escenas del Evangelio, aquella en la que el joven rico que encuentra a Jesús, pide seguirlo y le asegura que quiere vivir desde siempre los mandamientos, pero después cambia totalmente su humor y actitud cuando el Maestro le dice que el último paso que debe cumplir, eso que le falta es vender sus bienes, darlos a los pobres y entonces seguirlo. De golpe, “la alegría y la esperanza” desaparecen en aquel joven porque él, no quiere renunciar a su riqueza:

“El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo”.

El Papa reflexionó y dijo que hay un misterio en la posesión de las riquezas, porque tienen la capacidad de seducir y de hacernos creer que estamos en el paraíso terrenal, cuando lo cierto es que se trata de un paraíso falso, sin horizonte, semejante a aquellos barrios de las grandes ciudades en donde la gente fortifica propiedades para defenderse de los ladrones:

“Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza, es una vita triste. El apego a las riquezas nos da tristeza y nos hace estériles. Digo ‘apego’, no digo ‘administrar bien las riquezas’, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor a una persona se las da es para que las utilice para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las encierre en su corazón, que después con esto se vuelve corrupto y triste”.

El Papa insistió en que las riquezas que carecen de generosidad nos hacen creer que somos poderosos como Dios, y al final nos quitan la esperanza. Jesús, en el evangelio indicó cuál es la justa medida para vivir en la abundancia de bienes:

“La primera Bienaventuranza: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, despojarse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado a él sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tú tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como aquel hombre que hacía banquetes y se vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que tienen necesidad y terminarás como aquel hombre: lejos de Dios”.

Con información de Radio Vaticano.

Dejémonos mirar por Jesús, pidió el Papa

En la homilía del tercer viernes de mayo, el Papa Francisco reflexionó sobre la mirada de Jesús sobre nosotros. En la Misa, celebrada en la Capilla de Casa Santa Marta, el Pontífice se detuvo en el diálogo sostenido entre el Señor y Pedro.

El Papa desarrolló su homilía deteniéndose en el diálogo entre el Señor y Pedro, e hizo una reflexión sobre los tres tipos de miradas que Jesús dirigió al Apóstol: la mirada de la elección, la del arrepentimiento y la de la misión.

El Evangelio relata que Jesús resucitado, preparó de comer a sus discípulos y tras haber terminado de comer, inició un intenso diálogo con Pedro, en donde se hace la distinción entre los tres tipos de miradas:

“Al inicio del Evangelio de Juan, cuando Andrés va a ver a su hermano Pedro y le dice: “¡Hemos encontrado al Mesías!”, hay una mirada de entusiasmo. Jesús fija su mirada sobre él y le dice: “Tú eres Simón,  hijo de Jonás. Serás llamado Pedro”: “Es la primera mirada, la mirada de la misión”. Por tanto, hay una primera mirada: la vocación y un primer anuncio de la misión”. “Y ¿cómo es el alma de Pedro en aquella primera mirada?  Es entusiasta. El primer tiempo de ir con el Señor”.

Después, el Papa se detuvo en la noche dramática del Jueves Santo, cuando Pedro reniega de Jesús tres veces: “Ha perdido todo. Ha perdido su amor” y cuando el Señor le cruza su mirada, llora.

“El Evangelio de Lucas dice: ‘Y Pedro lloró amargamente’. Aquel entusiasmo de seguir a Jesús se convirtió en llanto, porque él ha pecado: él ha renegado a Jesús. Aquella mirada cambia el corazón de Pedro, más que antes. El primer cambio es el cambio de nombre y también de vocación. Esta segunda mirada es una mirada que cambia el corazón y es un cambio de conversión al amor”.

Además, añadió, está la mirada del encuentro después de la Resurrección. “Sabemos que Jesús ha encontrado a Pedro, dice el Evangelio,  pero – observó el Papa – no sabemos que se han dicho”.

“Evangelio del día es una tercera mirada: la mirada es la confirmación de la misión, pero también la mirada en la que Jesús pide a Pedro que le confirme su amor. Y tres veces el Señor pide a Pedro la “manifestación de su amor” y lo exhorta a apacentar a sus ovejas. A la tercera pregunta, Pedro “permanece entristecido, casi llora”:

“Entristecido porque por tercera vez Él le pregunta: ‘¿Me amas?’. Y él le dice: ‘Pero Señor, Tú sabes todo. Tú sabes que te amo’. Y Jesús responde: ‘Apacienta mis ovejas’. Ésta es la tercera mirada, la mirada de la misión. La primera, la mirada de la elección, con el entusiasmo de seguir a Jesús; la segunda, la mirada del arrepentimiento en el momento de aquel pecado tan grave por haber renegado a Jesús; la tercera mirada es la mirada de la misión: ‘Apacienta mis corderos’; ‘Pastorea mis ovejas’; ‘Apacienta mis ovejas’”.

“También nosotros podemos pensar: ¿cuál es hoy la mirada de Jesús sobre mí? ¿Cómo me mira Jesús? ¿Con una llamada? ¿Con un perdón? ¿Con una misión? Pero, por el camino que Él ha hecho, todos nosotros estamos bajo la mirada de Jesús. Él nos mira siempre con amor. Nos pide algo,  nos perdona algo y nos da una misión. Ahora Jesús viene sobre el altar. Que cada uno de nosotros piense: ‘Señor, Tú estás aquí, entre nosotros. Fija tu mirada sobre mí y dime qué debo hacer; cómo debo llorar mis equivocaciones,  mis pecados; cuál es el coraje con el que debo ir adelante por el camino que tú has recorrido primero”.

Con información de Radio Vaticano.