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Domingo de Pentecostés

El pasado 24 de mayo, Domingo de Pentecostés, el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de San Pedro.

La celebración con los ritos de la bendición del agua, el canto del Ven Espíritu Creador, el Aleluya, y el color rojo vivo de los ornamentos litúrgicos dieron el ambiente de fiesta.

En su homilía el Santo Padre recordó que, «en la mañana de Pentecostés la efusión se produce de manera fragorosa, como un viento que se abate impetuoso sobre la casa e irrumpe en las mentes y en los corazones de los Apóstoles»

No olvidar la Cruz, pide el Papa en su homilía

No olvidar la Cruz, es la reflexión principal de la homilía del Papa, durante la primer Misa de junio, celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta, de la Santa Sede.

En su homilía del día, el Papa dijo que demasiadas veces le decimos vete a Jesús sin darnos cuenta que eso es un fracaso.

El Papa aclaró que la victoria del amor de Dios por el hombre se manifiesta precisamente en el aparente fracaso de la Cruz de su Hijo. Todo esto, es parte de la reflexión del Papa sobre la parábola de los viñeros homicidas.

De su Hijo desechado, Dios saca la salvación para todos, reiteró el Papa, recordando lo que parece el fracaso del sueño de amor, de la historia de amor de Dios con su pueblo:

«Los profetas, los hombres de Dios que hablaron al pueblo, que no han sido escuchados, que han sido desechados, serán su gloria. El Hijo, el último enviado, que ha sido desechado, juzgado, no escuchado y matado, se ha vuelto la piedra angular. Esta historia, que comienza con un sueño de amor, y que parece ser una historia de amor, pero luego parece terminar en una historia de fracasos, acaba con el gran amor de Dios, que del desecho saca la salvación; de su Hijo desechado, nos salva a todos».

La lógica del fracaso acaba siendo todo lo contrario y Jesús lo recuerda a los jefes del pueblo, citando las Escrituras: «la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular». Es lo que ha hecho el Señor y es una maravilla para nuestros ojos, señaló el Obispo de Roma, evocando también ‘los lamentos de Dios’, del Padre que ‘llora’ cuando el pueblo ‘no sabe obedecer a Dios, porque quiere volverse ‘dios, él mismo’:

«El camino de nuestra redención es un camino de tantos fracasos. También el último, el de la cruz, es un escándalo. Pero, precisamente allí, el amor vence. Y esa historia que comienza con un sueño de amor y sigue con una historia de fracasos, acaba en la victoria del amor: la cruz de Jesús. No debemos olvidar este camino, es un camino difícil ¡también el nuestro! Si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces, cuántas veces ha echado a los profetas. Cuántas veces le ha dicho a Jesús: ‘vete’, cuántas veces se ha querido salvar a sí mismo, cuántas veces hemos pensado que nosotros éramos los justos».

Recordemos siempre que en la muerte en la cruz del Hijo se manifiesta ‘el amor de Dios para su pueblo’ alentó el Papa Francisco:

«Nos hará bien hacer memoria, memoria de esta historia de amor, que parece un fracaso, pero al fin vence. Es la historia de hacer memoria en la historia de nuestra vida, esa semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros y de cómo ha ido. Y hacer lo mismo que ha hecho Jesús en nombre nuestro: se humilló».

Con información de Radio Vaticano.

La riqueza no compartida genera corrupción

En su homilía, el Papa Francisco aseguro que la riqueza no compartida genera corrupción.

El Papa Francisco dijo en su homilía de este lunes, último de mayo, que la riqueza debe servir al bien común, porque la que se vive de manera egoísta es triste, quita esperanza y genera todo tipo de corrupción.

En la Misa celebrada en la Capilla de Casa Santa Marta, el Santo Padre baso la homilía una de las más famosas escenas del Evangelio, aquella en la que el joven rico que encuentra a Jesús, pide seguirlo y le asegura que quiere vivir desde siempre los mandamientos, pero después cambia totalmente su humor y actitud cuando el Maestro le dice que el último paso que debe cumplir, eso que le falta es vender sus bienes, darlos a los pobres y entonces seguirlo. De golpe, “la alegría y la esperanza” desaparecen en aquel joven porque él, no quiere renunciar a su riqueza:

“El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo”.

El Papa reflexionó y dijo que hay un misterio en la posesión de las riquezas, porque tienen la capacidad de seducir y de hacernos creer que estamos en el paraíso terrenal, cuando lo cierto es que se trata de un paraíso falso, sin horizonte, semejante a aquellos barrios de las grandes ciudades en donde la gente fortifica propiedades para defenderse de los ladrones:

“Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza, es una vita triste. El apego a las riquezas nos da tristeza y nos hace estériles. Digo ‘apego’, no digo ‘administrar bien las riquezas’, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor a una persona se las da es para que las utilice para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las encierre en su corazón, que después con esto se vuelve corrupto y triste”.

El Papa insistió en que las riquezas que carecen de generosidad nos hacen creer que somos poderosos como Dios, y al final nos quitan la esperanza. Jesús, en el evangelio indicó cuál es la justa medida para vivir en la abundancia de bienes:

“La primera Bienaventuranza: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, despojarse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado a él sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tú tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como aquel hombre que hacía banquetes y se vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que tienen necesidad y terminarás como aquel hombre: lejos de Dios”.

Con información de Radio Vaticano.

Las comunidades Cristianas son alegres, dijo el Papa

Las comunidades Cristianas temerosas y sin alegría están enfermas, afirmó el Papa Francisco en su homilía en la celebración de Misa del día en la Capilla de Casa Santa Marta.

El Santo Padre se detuvo en las palabras miedo y alegría. Sobre el primer concepto el Santo Padre dijo que es una actitud que hace mal porque nos debilita, achica y paraliza; por eso quienes tienen miedo no saben qué hacer, están concentrados en sí mismos para que no les suceda nada malo, de ahí que el miedo sea egoísta y «un Cristiano temeroso es una persona que no ha entendido cuál es el mensaje de Jesús», afirmó el Papa.

“Por esto Jesús dice a Pablo: ‘No tengas miedo. Sigue hablando. El miedo no es una actitud cristiana. Es la actitud  – podemos decir – de un alma encarcelada, sin libertad, que no tiene la libertad de mirar hacia adelante, de crear algo, de hacer el bien… no, siempre: ‘No, pero está este peligro, está aquel otro, aquel otro…’. Y esto es un vicio. Y el miedo hace mal”.

«No tener miedo es pedir la gracia del coraje, del valor que nos envía el Espíritu Santo”:

“Hay comunidades temerosas, que van siempre a lo seguro: ‘No, no, no hacemos esto, no, no, esto no se puede, esto no se puede…’. Parece que sobre la puerta de entrada hemos escrito ‘prohibido’: todo está prohibido por el miedo. Tú entras en esta comunidad y el aire está viciado, porque es una comunidad enferma. El miedo enferma a una comunidad. La falta de coraje enferma a una comunidad”.

El Papa explicó que una cosa es el miedo y otra muy distinta el temor de Dios, el cual, es el temor de la adoración ante el Señor y es una virtud que no achica, no debilita ni paraliza, por el contrario, lleva hacia adelante y a cumplir la misión que el señor nos ha dado.

La otra palabra a la que se refirió el Papa fue la alegría. Jesús nos dijo que nadie puede quitarnos nuestra felicidad y en que en los momentos más complicados la alegría se convierte en paz.

El Santo Padre explicó que un cristiano sin alegría no es cristiano. Un cristiano que continuamente vive en la tristeza, no es cristiano. Y a un cristiano que en el momento de las pruebas, de las enfermedades o de tantas dificultades, pierde la paz, le falta algo”:

“La alegría cristiana no es una simple diversión, no es una alegría pasajera; la alegría cristiana es un don, es un don del Espíritu Santo. Es tener el corazón siempre alegre porque el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha mirado y me ha enviado, y me ha dado su gracia y me ha hecho hijo del Padre… Esa es la alegría cristiana. Un cristiano vive en la alegría”.

“También una comunidad sin alegría  – añadió el Papa – es una comunidad enferma”: tal vez sea una “comunidad divertida”, pero “enferma de mundanidad. Porque no tiene la alegría de Jesucristo”. De modo que “cuando la Iglesia es miedosa y cuando la Iglesia no recibe la alegría del Espíritu Santo, la Iglesia se enferma, las comunidades se enferman, los fieles se enferman”.

Con información de Radio Vaticano.