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Los Sacerdotes deben escuchar

No a los Sacerdotes que hablan demasiado y escuchan poco, dijo el Papa en su homilía del día, en la Capilla de Casa Santa Marta.

RMC (RV).- Los fieles saben cuando un Sacerdote o un Pastor tiene la coherencia que necesita para tener autoridad. Ese fue uno de los mensajes que Papa dio en su homilía, la cual estuvo centrada en la distinción entre los verdaderos predicadores del Evangelio y los pseudo profetas.

Jesús enseña como un profeta que tiene autoridad, por lo que a partir de eso, la gente sabe cuando un Sacerdote, Obispo o un Catequista tiene la coherencia que le da la autoridad a diferencia de los pseudo profetas que han proliferado por el mundo.

El Santo Padre explicó que hay tres conceptos clave para saber diferenciar a los verdaderos predicadores de los que no lo son, y esos son: hablar, hacer y escuchar.

“Los pseudos profetas hablan, hacen, pero les falta otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento del hablar, del hacer: les falta escuchar. Por tanto, prosigue Jesús: ‘Quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica: el binomio hablar-hacer no es suficiente… nos engaña, tantas veces nos engaña. Y Jesús cambia y dice: el binomio es el otro, escuchar y hacer, poner en práctica: ‘Quien escucha mis palabras y las pone en práctica será semejante a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca’”.

“En cambio el que escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, es decir no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como aquel que edifica su casa sobre la arena,  y  conocemos el resultado”.

“Cuando Jesús pone en guardia a la gente de los ‘pseudo profetas’, dice: ‘Por sus frutos los conocerán’. Y aquí, de su actitud: tantas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la palabra de Dios y estos son los ‘pseudo cristianos’, los ‘pseudo pastores’. Es  verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca”.

“Les falta la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios. Y sin esta roca no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba. Son  los  ‘pseudo pastores’, los pastores mundanos; también los pastores o los cristianos que hablan demasiado, tienen miedo del silencio, quizá hacen demasiado. Pero no son capaces de escuchar, hacen lo que dicen, hacen de lo propio, pero no de Dios”.

“Recordemos estas tres palabras, son un signo: hacer, escuchar, hablar. Uno que sólo habla y hace, no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo: no está sobre la roca del amor de Dios, no está firme como la roca. Uno que sabe escuchar y de la escucha hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la propia, ese permanece firme. Si bien sea una persona humilde, que no parece importante, ¡pero cuántos de estos grandes hay en la Iglesia! ¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes que saben escuchar y de la escucha hacen!”

“Un ejemplo de nuestros días  es la Madre Teresa de Calcuta que no hablaba, y en el silencio ha sabido escuchar y ¡ha hecho tanto! No se derrumbó ni ella, ni su obra. Los grandes saben escuchar y de la escucha hacen porque su confianza y su fuerza está en la roca del amor de Jesucristo”.

“Que la debilidad de Jesús, que de fuerte se hizo débil para hacernos fuertes  –concluyó el Papa – nos acompañe en esta celebración y nos enseñe a escuchar y a hacer de la escucha, no de nuestras palabras”.

La fuerza del perdón

En su homilía del día, el Papa Francisco dijo que los católicos no podemos caminar en la vida sin la ayuda de El Señor y la fuerza del perdón.

RMC (RV).- Durante la celebración de la Santa Misa, en la Capilla de Santa Marta, el Papa Francisco dijo que sólo podemos rezar bien si somos capaces de perdonar a los hermanos y tener el corazón en paz.

El Santo Padre desarrollo su homilía a partir de tres puntos: debilidad, oración y perdón; y explicó que la debilidad se debe a que todos tenemos abierta la herida del pecado original.

Somos débiles – reafirmó Francisco – “resbalamos en los pecados, no podemos ir adelante sin la ayuda del Señor”:

“Quien se cree fuerte, quien se cree capaz de desenvolverse solo por lo menos es ingenuo y, al final, sigue siendo un hombre derrotado por tantas, tantas debilidades que lleva en sí mismo. La debilidad que nos conduce a pedir ayuda al Señor puesto que hemos rezado: ‘En nuestra debilidad nada podemos sin tu ayuda’. No podemos dar un paso en la vida cristiana sin la ayuda del Señor, porque somos débiles. Y aquel que está de pie, esté atento a no caer porque es débil”.

También somos débiles en la fe –  añadió Francisco –, puesto que “todos nosotros tenemos fe – dijo  – todos nosotros queremos ir adelante en la vida cristiana pero si no somos conscientes de nuestra debilidad terminaremos todos vencidos”. Por esta razón –  añadió –  es bella aquella oración que dice: “Señor sé que en mi debilidad nada puedo sin tu ayuda”.

Dirigiendo un pensamiento a la “oración”, el Papa recordó que Jesús “enseña a orar”, pero no “como los paganos” que pensaban “ser escuchados a fuerza de palabras”. Y dijo, por ejemplo, que la madre de Samuel pedía al Señor la gracia de tener un hijo rezando, moviendo apenas los labios. A la vez que el sacerdote que estaba allí, la miraba y creía que ella estaba borracha por lo que le hizo un reproche.

“Sólo movía los labios porque no lograba hablar… Pedía un hijo. Así se reza ante el Señor. Y la oración, puesto que nosotros sabemos que Él es bueno y sabe todo de nosotros y sabe las cosas de las que tenemos necesidad, comenzamos a decir aquella palabra: ‘Padre’, que es una palabra humana, ciertamente, que nos da vida, pero en la oración sólo podemos decirla con la fuerza del Espíritu Santo”.

Francisco exhortó diciendo: “Comencemos la oración con la fuerza del Espíritu que reza en nosotros, rezar así, sencillamente. Con el corazón abierto ante la presencia de Dios que es Padre y sabe, sabe de qué cosas nosotros tenemos necesidad antes que las digamos”.

El Obispo de Roma dirigió la atención al perdón, destacando que Jesús enseñó a sus discípulos que si ellos no perdonaban las culpas de los demás, ni siquiera el Padre los perdonaría a ellos:

“Sólo podemos rezar bien y decir ‘Padre’ a Dios si nuestro corazón está en paz con los demás, con los hermanos. ‘Pero, padre, éste me ha hecho esto; éste me ha hecho esto y me ha hecho aquello…’. ‘Perdona. Perdona, como Él te perdonará’. Y así la debilidad que nosotros tenemos, con la ayuda de Dios en la oración se transforma en una fortaleza porque el perdón es una gran fortaleza. Hay que ser fuertes para perdonar, pero esta fortaleza es una gracia que nosotros debemos recibir del Señor porque somos débiles”.

La pobreza no es una ideología

Si se quita en concepto de pobreza del Evangelio no se podría entender el mensaje de Jesús, dijo el Papa en su homilía en la Capilla de Casa Santa Marta.

RMC (RV).- El Papa Francisco se refirió a la contraposición entre la riqueza y la pobreza y declaró que es muy injusto decirles comunistas, a los sacerdotes y obispos que hablan de los pobres y los defienden.

El Evangelio del día se refiere a la colecta que San Pablo organiza en la Iglesia de Corinto en favor de la de Jerusalén, que en ese momento padecía mucha pobreza; a partir de ese hecho el Papa desarrolló su homilía y se refirió a la teología de la pobreza y observó, que hoy como entonces la palabra pobreza pone a quien la pronuncia en una situación embarazosa y que muchas veces se oye decir: “Pero este sacerdote habla demasiado de pobreza, este obispo habla de pobreza, este cristiano, esta religiosa, hablan de pobreza… ¿Son un poco comunistas, no?”. Y, en cambio – advirtió Francisco –  “la pobreza está precisamente en el centro del Evangelio. Y si quitáramos la pobreza del Evangelio, no se comprendería nada del mensaje de Jesús”.

El Santo Padre continuó su homilía explicando que San Pablo puso de manifiesto cuál es su verdadera riqueza: “Son ricos en cada cosa, en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el celo y en la caridad  que les hemos enseñado”. Así es la exhortación del Apóstol de las Gentes, “dado que son ricos, sean abundantes también en esta obra generosa” en “esta colecta”:

“Si tienen tanta riqueza en el corazón, esta riqueza tan grande – el celo, la caridad, la Palabra de Dios, el conocimiento de Dios – hagan que esta riqueza llegue a los bolsillos. Y ésta es una regla de oro. Cuando la fe no llega a los bolsillos, no es una fe genuina. Es una regla de oro que Pablo nos dice aquí: ‘ustedes son ricos de tantas cosas, ahora, así, sean abundantes en esta obra generosa’. Existe esta contraposición entre riqueza y pobreza. La Iglesia de Jerusalén es pobre, está con dificultades económicas, pero es rica, porque tiene el tesoro del anuncio evangélico. Y esta Iglesia de Jerusalén, pobre, ha enriquecido a la Iglesia de Corinto con el anuncio evangélico; le ha dado la riqueza del Evangelio”.

Dejarse enriquecer por la pobreza de Cristo

“Ustedes – prosiguió explicando el Papa retomando las enseñanzas de San Pablo – que son ricos económicamente y que son ricos con tantas cosas, eran pobres sin el anuncio del Evangelio, pero han enriquecido a la Iglesia de Jerusalén, ensanchando el pueblo de Dios”. “De la pobreza viene la riqueza  – añadió Francisco – es un intercambio mutuo”.

He aquí entonces el fundamento de la “teología de la pobreza”: “Jesucristo de rico que era – de la riqueza de Dios – se ha hecho pobre”, se ha bajado por nosotros. De donde se deduce el significado de la primera Bienaventuranza: “Bienaventurados los pobres de espíritu”. Es decir, “ser pobre es dejarse enriquecer por la pobreza de Cristo y no querer ser rico con otras riquezas que no sean las de Cristo”:

“Cuando nosotros ayudamos a los pobres, no hacemos cristianamente obras de beneficencia. Esto es bueno, es humano – las obras de beneficencia son cosas buenas y humanas – pero ésta no es la pobreza cristiana que quiere Pablo, que predica Pablo. La pobreza cristiana es que yo doy de lo mío y no de lo superfluo, incluso de lo necesario al pobre, porque sé que él me enriquece. ¿Y por qué me enriquece el pobre? Porque Jesús ha dicho que Él mismo está en el pobre”.

La pobreza cristiana no es una ideología

Cuando me despojo de algo – evidenció el Obispo de Roma – “pero no sólo de lo superfluo, para dar a un pobre, a una comunidad pobre”, esto “me enriquece”. “Jesús actúa en mí cuando hago esto – añadió – y Jesús obra en él, para enriquecerme cuando hago esto”:

“Esta es la teología de la pobreza; por esto la pobreza está en el centro del Evangelio; no es una ideología. Es precisamente este misterio, el misterio de Cristo que se ha abajado, se ha humillado, se ha empobrecido para enriquecernos. Así se comprende porqué la primera de las Bienaventuranzas es: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’. Ser pobre de espíritu es ir por este camino del Señor: la pobreza del Señor que, también se abaja tanto que se hace ‘pan’ por nosotros, en este sacrificio. Sigue abajándose en la historia de la Iglesia, en el memorial de su pasión, en el memorial de su humillación, en el memorial de su abajamiento, en el memorial de su pobreza, y con este ‘pan’ Él nos enriquece”.

Liberarnos del rumor pagano

El Papa Francisco pide que nos liberarnos del rumor pagano para recibir ahora mismo el don de la gracia de Dios.

RMC (RV).- En su homilía del día, dictada en la Capilla de Casa Santa Marta, durante la celebración de la Santa Misa, el Papa Francisco pidió liberarnos del rumor pagano para poder estar atentos y recibir la gracia de Dios.

Que el cristiano aprenda a custodiar el corazón de la pasiones y los rumores paganos, porque este es el momento para recibir la gracia de Dios, dijo el Papa.

El Papa se inspiró en la lecturas de la liturgia de día para hacer esa reflexión, ya que se baso en las palabras de San Pablo, quien dijo que no hay que recibir en vano la gracia de Dios, lo cual aseguro Francisco, quiere decir que en cada tiempo el señor nos vuelve a dar la gracia y que debemos recibirla.

“Es el escándalo del cristiano que se dice cristiano, incluso que va a la iglesia, va los domingos a Misa, pero no vive como cristiano, vive como mundano o como pagano. Y cuando una persona es así, escandaliza. Cuántas veces hemos oído en nuestros barrios, en los negocios: ‘Mira, aquel o aquella, todos los domingos va a Misa y después hace esto, esto, esto, esto…’. Y la gente se escandaliza. Es lo que dice Paolo: ‘No recibir en vano’. ¿Y cómo debemos recibir? Ante todo es el ‘momento favorable’, dice. Nosotros debemos estar atentos para entender el tiempo de Dios, cuando Dios pasa por nuestro corazón”.

El Santo Padre comentó que cuando recibimos la gracia es que estamos en condición de saber custodiar el corazón, alejando todo rumor que no viene del Señor; alejando todo aquello que nos quita la paz.

“Estar libre de pasiones y tener un corazón humilde, un corazón dócil. El corazón es custodiado por la humildad, por la mansedumbre, jamás por las luchas, por las guerras. ¡No! Esto es el rumor: rumor mundano, rumor pagano o rumor del diablo. El corazón en paz. ‘No dar motivo de escándalo a nadie para que no sea criticado nuestro ministerio’, dice Pablo, pero también habla del ministerio del testimonio cristiano, para que no sea criticado”.

Custodiar el corazón para ser de Dios siempre, como dice San Pablo, “en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en las adversidades, en las prisiones, en los tumultos, en las fatigas, en las vigilias y en los ayunos”:

“Pero son cosas feas todas estas, ¿y yo debo custodiar mi corazón para recibir la gratuidad y el don de Dios? ¡Sí! ¿Y cómo lo hago? Prosigue Pablo: ‘Con pureza, con sabiduría, con magnanimidad, con benevolencia, con espíritu de santidad’. La humildad, la benevolencia, la paciencia, que sólo mira a Dios, y tiene el corazón abierto al Señor que pasa”.