audiencia_17062015

La muerte no tiene la última palabra

En su catequesis del tercer miércoles de junio, el Papa Francisco habló sobre la muerte y el proceso de luto cuando perdemos a un ser querido.

RCM (RV).- Ante miles de fieles que, como cada miércoles se reúnen en la Plaza de San Pedro, el Papa dedicó la catequesis de la tercer Audiencia General de este mes, al tema de la muerte y al insoportable dolor que nos causa la pérdida de un ser querido.

El Santo Padre explicó que el luto es un proceso por el que pasan todas las familias del mundo, que forma parte de la vida y que, cuando nos toca jamás nos parece natural y nos cuesta mucho trabajo superar.

Explicó que, por ejemplo, cuando los padres sobreviven a los hijos viven un proceso lacerante que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que le dan sentido a la familia; lo mismo sufre un niño cuando se queda solo por la falta de sus padres.

En esos casos la muerte es como un agujero negro que se abre en la vida de las familias y ante el cual nadie puede ofrecer una explicación, llegando al extremo del culpar a Dios.

La muerte física tiene a veces unos cómplices que son incluso peores, y que se llaman odio, avaricia, envidia, soberbia, en resumen, el pecado del mundo que trabaja para la muerte y la hace aún más dolorosa e injusta.

Pensemos, dijo el Papa, en la absurda normalidad con la que en ciertos momentos y lugares, los eventos que añaden horror a la muerte son provocados por el odio y la indiferencia de otros seres humanos. Debemos de pedirle a Dios que nos libre de acostumbrarnos a eso.

El Papa recordó que en la fe podemos consolarnos de la muerte sabiendo que el Señor la ha vencido y, citando un pasaje de Benedicto XVI, pronunciado el 2 de noviembre de 2008, el Santo Padre afirmó que esa fe nos protege de la visión nihilista de la muerte y de las falsas consolaciones del mundo, de modo que la verdad cristiana no corra el riesgo de mezclarse con mitologías de diverso tipo, o ceda a los ritos de la superstición antigua o moderna.

Por esa razón, pidió el Papa, es necesario que los sacerdotes y todos los católicos expresemos de modo concreto el sentido de la fe ante la experiencia de la muerte, sin negar el derecho al llanto.

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