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Asesinato de religiosas Misioneras de la Caridad

Queridos hermanos y hermanas,
expreso mi viva cercanía a las Misioneras de la Caridad por el grave luto que las ha golpeado hace dos días con el asesinato de cuatro Religiosas en Adén, en Yemen, donde asistían a ancianos. Rezo por ellas y por las otras personas asesinadas en el ataque, y por sus familiares. Estos son los mártires de hoy. Y esto no es títular en los periódicos ¡no es noticia! Estos mártires que dan su sangre por la Iglesia son víctimas de sus asesinos y también de la indiferencia. De esta globalización de la indiferencia. Que no importa. Que la Madre Teresa acompañe en el paraíso a estas hijas suyas mártires de la caridad, e interceda por la paz y el sagrado respeto de la vida humana.
Como señal concreta de compromiso por la paz y la vida quisiera citar y expresar admiración por la iniciativa de los corredores humanitarios para los prófugos, puesta en marcha últimamente en Italia. Este proyecto-piloto, que une la solidaridad y la seguridad, permite ayudar a las personas que huyen de la guerra y de la violencia, como los cien prófugos ya transferidos a Italia, entre los que se encuentran niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos y ancianos. Me alegro también porque esta iniciativa es ecuménica, ya que es sostenida por la Comunidad de San Egidio, la Federación de la Iglesia Evangélica Italiana, y la Iglesia Valdense y Metodista.
Saludo a todos ustedes, peregrinos venidos de Italia y de tantos Paises, en particular a los fieles de la Misión Católica de Hagen (Alemania), como también a aquellos de Timisoara (Rumanía), Valencia (España) y de Dinamarca.
Saludo a los grupos parroquiales de Taranto, Avellino, Dobbiaco, Fane (Verona) y Roma; a los chicos de Milán, Almenno San Salvatore, Verdellino-Zingonia, Latiano, y a los jóvenes de Vigonovo; las Escuelas “Don Carlo Costamagna” de Busto Arsizio e “Immacolata” de Soresina; a los grupos de oración “Santa Maria degli Angeli e della Speranza”; y a la Confederación Nacional de Ex-alumnos de la Escuela Católica.
Por favor les pido nos recuerden en la oración, a mí y a mis colaboradores, que desde esta tarde hasta el próximo viernes asistiremos a los Ejercicios Espirituales.
Deseo a todos un buen domingo. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

Tres años de la renuncia de Benedicto XVI. ¿Qué recuerdos tienes de él?.

“Humilde trabajador de la viña del Señor”

RMC.- (RV).- “Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos”, fueron palabras de Benedicto XVI anunciando la renuncia de su pontificado un día como hoy, hace tres años. La sorpresiva noticia dejó con la boca abierta a todos, quedando siempre en nuestras retinas el legado y la personalidad del Papa Ratzinger que aportó tanto a la Iglesia y al mundo.

En la plaza de San Pedro de Roma encontramos a fieles quienes explican el recuerdo que tienen del Papa alemán, “un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”, como se presentó aquel 19 de abril de 2005 al ser elegido Pontífice, “Fue un grande teólogo, seguro que le nombrarán Doctor de la Iglesia en un futuro”, “Recuerdo su mirada, su humildad, su sabiduría”, “Se necesitaba a un Benedicto en aquella época, como ahora se necesita un Francisco”, “Aprendimos mucho de él”, son algunos de sus testimonios.

El Papa a catequistas y maestros de Uganda

Testimoniar con sabiduría el esplendor de la verdad de Dios y de la alegría del Evangelio, pidió el Papa a catequistas y maestros desde Uganda.

 

Texto completo del discurso del santo Padre a los catequistas y maestros

Queridos catequistas y maestros, Queridos amigos:

Les saludo con afecto en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Maestro.

«Maestro». Qué hermoso título este. Jesús es nuestro primer y más grande maestro. San Pablo nos dice que Jesús dio a su Iglesia no sólo apóstoles y pastores, sino también maestros, para edificar todo el cuerpo en la fe y en el amor. Junto a los Obispos, a los presbíteros y a los diáconos, que han sido ordenados para predicar el Evangelio y cuidar del rebaño del Señor, ustedes, como catequistas, tienen un papel importante en la tarea de llevar la Buena Noticia a cada pueblo y aldea de su país. Ustedes han estado elegidos para tener el ministerio de la catequesis.

Quisiera ante todo darles las gracias por los sacrificios que hacen ustedes y sus familias, y por el celo y la devoción con la que llevan a cabo su importante misión. Ustedes enseñan lo que Jesús enseñó, instruyen a los adultos y ayudan a los padres para que eduquen a sus hijos en la fe, y llevan a todos la alegría y la esperanza de la vida eterna. Gracias, gracias por su dedicación, por el ejemplo que ofrecen, por la cercanía al pueblo de Dios en su vida cotidiana y por los tantos modos en que plantan y cultivan la semilla de la fe en toda esta vasta tierra. Gracias especialmente por el hecho de enseñar a rezar a los niños y a los jóvenes. Porque es un trabajo muy importante enseñar a los niños a rezar. Porque es muy importante, es un trabajo grande aquel de enseñar a rezar a los niños.

Sé que su trabajo, aunque gratificante, no es fácil. Por eso les animo a perseverar, y pido a sus Obispos y a sus sacerdotes que les den una formación doctrinal, espiritual y pastoral que les ayude cada vez más en la acción. Aun cuando la tarea parece difícil, los recursos resultan insuficientes y los obstáculos demasiado grandes, les hará bien recordar que el suyo es un trabajo santo. Y quiero subrayar: el suyo, es un trabajo santo. El Espíritu Santo está presente allí donde se proclama el nombre de Cristo. Él está en medio de nosotros cada vez que en la oración elevamos el corazón y la mente a Dios. Él les dará la luz y la fuerza que necesitan. El mensaje que llevan hundirá más sus raíces en el corazón de las personas en la medida en que ustedes sean no solo maestros, sino también testigos.Y esto es otra cosa importante: ustedes debn ser maestros, pero esto no sirve, si no son testigos. Que su ejemplo haga ver a todos la belleza de la oración, el poder de la misericordia y del perdón, la alegría de compartir la Eucaristía con todos los hermanos y hermanas.

La comunidad cristiana en Uganda ha crecido mucho gracias al testimonio de los mártires. Ellos han dado testimonio de la verdad que hace libres; estuvieron dispuestos a derramar su sangre para permanecer fieles a lo que sabían que era bueno, bello y verdadero. Estamos hoy aquí en Munyonyo, donde el Rey Mwanga decidió eliminar a los seguidores de Cristo. No tuvo éxito en su intento, como tampoco el Rey Herodes consiguió matar a Jesús. La luz brilló en las tinieblas y las tinieblas no prevalecieron (cf. Jn 1,5). Después de haber visto el valiente testimonio de san Andrés Kaggwa y de sus compañeros, los cristianos en Uganda creyeron todavía más en las promesas de Cristo.

Que san Andrés, su Patrón, y todos los catequistas ugandeses mártires, obtengan para ustedes la gracia de ser maestros con sabiduría, hombres y mujeres cuyas palabras estén colmadas de gracia, de un testimonio convincente del esplendor de la verdad de Dios y de la alegría del Evangelio. Testigos de santidad. Vayan sin miedo a cada ciudad y pueblo de este país para difundir la buena semilla de la Palabra de Dios, y tengan confianza en su promesa de que volverán contentos, con gavillas de abundante cosecha. Les pido a todos ustedes, catequistas, que recen por mi y hagan rezar a los niños por mi. Omukama Abawe Omukisa! (Que Dios los bendiga).