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Síntesis de la catequesis del Papa del 2 de setiembre

El Vino bueno de la alegría

“Queridos hermanos y hermanas:

Hoy abordamos el tema de la familia como transmisora de la fe. Tanto en sus palabras como en sus signos, el Señor pone con frecuencia los lazos familiares como ejemplo de nuestra relación con Dios. La sabiduría encerrada en esos afectos familiares, que ni se compran ni se venden, es el mejor legado del espíritu familiar y Dios se revela a través de este lenguaje”.

En su reflexión en italiano el Santo Padre señaló algunos pasajes del Evangelio que nos pueden venir a la mente cuando pensamos en nuestra relación con Dios: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37). El Papa explicó que este pasaje, que podría hacer pensar que contrapone los lazos familiares con el seguir a Jesús, en realidad tiene todo otro significado: cuando Jesús afirma la primacía de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que la de los afectos familiares, los cuales al interior de la experiencia de la fe y del amor de Dios se llenan de un sentido aún más grande, y así hace que estos afectos sean capaces de ir más allá de sí mismos.

Asimismo en su catequesis impartida en español el Papa afirmó que “la fe y el amor de Dios, purifican los afectos familiares del egoísmo y los protegen del degrado. Los abre a un nuevo horizonte que nos hace capaces de ver más allá, de ver a todos los hombres como una sola familia. De ese modo, quien hace la voluntad de Dios y vive en su amor, es capaz de ver a Jesús en el otro y de ser para él un verdadero hermano”.

Cuando los afectos familiares se convierten al testimonio del evangelio se vuelven capaces de cosas impensables: “es una bendición para los pueblos”, dijo.

“Una sola sonrisa arrancada milagrosamente de la desesperación de un niño abandonado, que vuelve a vivir, nos explica el actuar de Dios en el mundo, más que miles tratados teológicos” destacó el Obispo de Roma. “Un solo hombre y una sola mujer, capaces de arriesgar y de sacrificarse por un hijo de otro, y no solamente por el proprio, nos explican cosas del amor que muchos científicos ya no comprenden”; ninguna ingeniería económica ni política puede sustituir a la familia en el contrastar la desertificación comunitaria de la ciudad moderna.

Llevar este estilo familiar a todas las relaciones humanas, dijo el Sucesor de Pedro, nos haría capaces de cosas impensables, sería una bendición para todos los pueblos y un signo de esperanza sobre la tierra. “Se da ahí una comunicación del misterio de Dios más profunda e incisiva que mil tratados de teología”.

Después de saludar a los peregrinos de lengua española el Papa elevó al cielo su oración: “Que el Señor nos ayude a que las familias sean fermento evangelizador de la sociedad, ese vino bueno que lleve la alegría del Evangelio a todas las gentes”.

En la conclusión de su reflexión en italiano el Pontífice pidió, una vez más, que recemos por él, y también los unos por los otros, para que “seamos capaces de reconocer y de sostener las visitas de Dios”. “El Espíritu traerá el alegre desorden en las familias cristianas – concluyó – y la ciudad del hombre saldrá de la depresión”.

Proteger a las familias

El día que recordamos el nacimiento de Juan Bautista, el Papa habló en la Audiencia General sobre las condiciones de vulnerabilidad que ponen a prueba al núcleo familiar, y de las heridas que ponen en peligro la convivencia. También hizo un llamado para proteger a las familias.

RMC (RV).-

“Queridos hermanos y hermanas: En la catequesis de hoy reflexionamos sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. Se trata de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer. Si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos”.

“A veces, marido y mujer afectados por estas profundas heridas, buscan comprensión, apoyo y el consuelo en otra parte, pero a menudo estos ‘apoyos’ no piensan en el bien de la familia. El vaciamiento del amor conyugal difunde resentimiento en las relaciones, y esta desunión,  muy a menudo, recae sobre los hijos”.

“Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente. En la familia todo está entrelazado”.

“No obstante la sensibilidad aparentemente evolucionada, y los refinados análisis psicológicos de nuestros días, no estamos como anestesiados respecto a las heridas del alma de los niños ¿Sabemos qué es una herida del alma?”

“Los esposos son ‘una sola carne’, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia”.

“Porque los esposos son una sola carne, y las criaturas son carne de su carne, cuando el alma misma de la familia está herida en algún punto la infección contagia a todos, es por eso que cuando un hombre y una mujer piensan en modo obsesivo en las propias exigencias de libertad y gratificación, esta distorsión “carcome”profundamente el  corazón y la vida de los hijos”.

“En algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños”.

El Santo Padre se detuvo sobre los casos en los cuales la separación resulta inevitable e incluso moralmente necesaria. Son aquellos casos “en los que se trata de salvar al cónyuge más débil”, o a “los hijos pequeños”, de los “daños más graves” “causados por la prepotencia y por la violencia, por el envilecimiento y la explotación, por la distancia y la indiferencia”.

“Pero no faltan los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído”.

El Papa Francisco concluyó su catequesis dirigiendo una pregunta a todos: ¿cómo ayudar y acompañar a las familias en esta situación?

“Pidamos a la Virgen María que interceda por nuestras familias – finalizó el Sucesor de Pedro – especialmente por los que pasan por dificultades, para que sepan superar y sanar siempre las heridas que causan división y amargura. Muchas gracias y que Dios los bendiga”.

La muerte no tiene la última palabra

En su catequesis del tercer miércoles de junio, el Papa Francisco habló sobre la muerte y el proceso de luto cuando perdemos a un ser querido.

RCM (RV).- Ante miles de fieles que, como cada miércoles se reúnen en la Plaza de San Pedro, el Papa dedicó la catequesis de la tercer Audiencia General de este mes, al tema de la muerte y al insoportable dolor que nos causa la pérdida de un ser querido.

El Santo Padre explicó que el luto es un proceso por el que pasan todas las familias del mundo, que forma parte de la vida y que, cuando nos toca jamás nos parece natural y nos cuesta mucho trabajo superar.

Explicó que, por ejemplo, cuando los padres sobreviven a los hijos viven un proceso lacerante que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que le dan sentido a la familia; lo mismo sufre un niño cuando se queda solo por la falta de sus padres.

En esos casos la muerte es como un agujero negro que se abre en la vida de las familias y ante el cual nadie puede ofrecer una explicación, llegando al extremo del culpar a Dios.

La muerte física tiene a veces unos cómplices que son incluso peores, y que se llaman odio, avaricia, envidia, soberbia, en resumen, el pecado del mundo que trabaja para la muerte y la hace aún más dolorosa e injusta.

Pensemos, dijo el Papa, en la absurda normalidad con la que en ciertos momentos y lugares, los eventos que añaden horror a la muerte son provocados por el odio y la indiferencia de otros seres humanos. Debemos de pedirle a Dios que nos libre de acostumbrarnos a eso.

El Papa recordó que en la fe podemos consolarnos de la muerte sabiendo que el Señor la ha vencido y, citando un pasaje de Benedicto XVI, pronunciado el 2 de noviembre de 2008, el Santo Padre afirmó que esa fe nos protege de la visión nihilista de la muerte y de las falsas consolaciones del mundo, de modo que la verdad cristiana no corra el riesgo de mezclarse con mitologías de diverso tipo, o ceda a los ritos de la superstición antigua o moderna.

Por esa razón, pidió el Papa, es necesario que los sacerdotes y todos los católicos expresemos de modo concreto el sentido de la fe ante la experiencia de la muerte, sin negar el derecho al llanto.

Jesús nunca pasó de largo a un enfermo

En su catequesis de la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, el Papa recordó que Jesús nunca pasó de largo a un enfermo y pidió ayuda para las familias que se enfrentan a la enfermedad de un ser querido.

RMC (RV).- Éste miércoles el Papa celebró la última Audiencia General antes de la celebración del Sagradísimo Corazón de Jesús y el Sagrado Corazón de María, en la Plaza de San Pedro.

Como es habitual la Plaza estaba ocupada por miles de fieles que se dieron cita para escuchar al Santo Padre, quien dedicó su catequesis para hablar de los enfermos y sus familias.

El Papa pidió acompañar a los enfermos en sus familias y a rezar por todas las personas que sufren, además hizo hincapié en la difícil experiencia de la enfermedad en las familias y puntualizó la obligación Cristiana que tenemos de ayudar a quienes sufren de algún problema de salud:

“¡Ésta es la gloria de Dios! ¡Ésta es la tarea de la Iglesia! ¡Ayudar a los enfermos, sin perderse en palabrerías! ¡Ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos, ésta es la tarea! Queridos hermanos y hermanas, ¡pidamos con fe viva al Espíritu Santoque nos done la gracia de comprender el valor de acompañar a una persona enferma y recordemos que la experiencia de la enfermedad y del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para adquirir y reforzar la sapiencia del corazón!”

El Papa nos exhortó a rezar y reiteró la importancia de la oración como ayuda espiritual y material a los enfermos y a los padres de estos:

“Hoy les pido, en particular, que sostengan con la oración y con las obras concretas de ayuda espiritual y material a las familias que deben afrontar la enfermedad de una persona querida, sobre todo a los padres que luchan por la salud de sus niños. Que estén siempre acompañados por nuestra cordial cercanía y benevolencia, como signo de la bendición de Dios ¡Alabado sea Jesucristo!”

El Papa Francisco saludó asimismo a un grupo de la ‘Fazenda de la Esperanca’, proveniente de Brasil, alentándolos a ser en todos los sitios “testimonios de esperanza y de caridad”.

“Si algunas veces, la vida hace que se desencadenen turbulencias espirituales en el alma, ¡vayan a buscar refugio bajo el manto de la Virgen Madre de Dios, sólo allí encontrarán la paz!”

En sus palabras dedicadas a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa destacó la proximidad de la celebración del Corazón Inmaculado de María:

“Que les haga comprender, queridos jóvenes, la importancia del amor puro. Que los sostenga a ustedes, queridos enfermos, en los momentos de gran dificultad. Y que sostenga también a ustedes, queridos recién casados, en su camino conyugal”.